Hace un par de semanas estuve de viaje, os lo voy a contar gráficamente. De paso me disculpo por la desatención de las últimas semanas, pero de verdad, estoy muy ocupado en el trabajo.
Lugar de nacimiento y vida de grandes escritores como Víctor Hugo, Émile Zola, o Moliére, en la imagen, escritor de la única obra de teatro en la que he participado, El Tartufo.
Lugar donde compartir visita con Quasimodo, y las Górgolas, o degustar una heineken haciendo la cola. Saxofones que tratan de atraer los oidos y dineros de los turistas. Tullidos pidiendo limosna para comer. Volinistas que tocan a Vivaldi con virtuosismo a las puertas del Sagrado Corazón. La gente disfruta de la música celestial tras subir los doscientos y pico escalones que lo separan del ras del suelo.
Un placer de gastronomía, donde la variedad de quesos es suficiente para alimentarte durante días, si al igual que yo, eres de los que odían quiches y demás guarrerías inventadas por los detractores de la cuchara y la legumbre. Huelga decir que saben tratar las uvas, unos caldos magníficos.
Sábado entero dando pedales. Montmartre, Barrio Latino, Torre Eiffel y por fin entrada triunfal, con la legua fuera, y sudando una gotica por los Campos Elíseos. Induráin lo hizo un poquejo antes que yo. El llevaba un jersey amarillo, yo una camiseta roja. Las cosas del directo. Os aconsejo el paseo en bici, es un lugar muy plano y te da tiempo a ver muchísimas cosas más que si fueras en metro, bus, taxi o andando. Además es barato, y la cerveza, sabe mejor.
Por la noche, mejor ir andando, y pasar por el Grand Palace y el Petit Palace. Si dicen que es la ciudad de las luces, será por algo. Que apague las luces el sol y no uno porque se acueste pronto, el ambiente nocturno es increible. Muchisimos sitios de copas, y entre copas y copas, chiringuitos que venden ostras y demás frutos del mar en plena calle.