4.20.2008

Mi cámara, yo y Don Alfredo

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Aprovechando la visita de unos amigos, y tras quedar con uno de los mayores conocedores de la Catedral de Sigüenza, recorrimos los rincones de una de nuestras mayores joyas . Cámara en mano, decidí hacer unas fotografías a vista de pájaro. Días después, tras la reedición por parte de Aache del libro "Nostalgia y Elogio de Sigüenza" de D. Alfredo Juderías, volví a leerlo para darme cuenta otra vez de la gran joya que tenemos.Este libro hace una visita por los principales puntos de Sigüenza. Guía de las guías que posteriormente se han escrito. Destaca tanto por su contenido, como por su calidad literaria. Recomiendo la lectura de este libro, un libro breve, pero conciso, de quien no sólo fue escritor sino gran médico. "Enarenado, entoltadas y engalanadas sus puertas de damascos catedralicios, esta Lonja fuera en tiempos, allá por el XVI, austero escenario de Autos sacramentales -sopistas de carro y comiquillos del cuarto de pan, el huevo y la sarina- que, como dice aquella loa de uno de los doce de Lope, en la tarde del Corpus, y cuando iba cayendo la hora..."
Fragmento de Nostalgia y Elogio de Sigüenza Alfredo Juderías

4.11.2008

Y se llama Evaristo

El domingo, a eso de las diez puse la tele para ver Aida, seríe que me pirra. Sin embargo la serie se demoraba porque estaba el casting del Operación Triunfo de los huevos. Me puse embobado a verlo por si salía algún castrati que lejos de cantar las típicas baladas me deleitase con una pieza de los Cojón Prieto y los Huajolotes. La dinámica era la siguiente: un fulano (como dice mi amigo Manolo) o fulana, se subía a una tarima, cantaba uno o varios trozos de canciones y dependiendo del mayor o menor grado de acierto con que lo hacía, una pedorra que no sé como se llama le decía que pasaba de ronda o que a la pute rue. Acto seguido intervenía el mayor soplapollas que hay en la televisión desde que se fueron Jorge Javier y Boris, Risto Mejide (por cierto se llama Evaristo). Este Risto se dedicaba a decir a los fulanos cosas del tipo que se les había caido la poca dignidad que tenían, que dónde iban con ese careto o que es imposible ir al gimnasio y cantar bien, entre otras lindezas. El sujeto éste, creyéndose el Guardián de los artistas, del cante, de la publicidad, del espectro musical y de las demás gilipolleces de reinventores de la rueda, dejaba a los pobres muchachos a la altura del casi desaparecido betún. Lo mejor es que los otros se descojonaban de la risa y se iban como diciendo –joder que tío soy que me ha puesto a parir Risto Mejide. Cambié mi actitud y pase de esperar la ranchera de los Huajolotes a ver si alguno le echaba bemoles y le daba un recado al tonto este. En estas que aparece en escena una mujer sudamericana, de unos cuarenta, se presenta y empieza a cantar una canción, sin dejarla terminar, nuestro protagonista la asalta cual Tempranillo en Sierra Morena y le dice que cómo tiene la vergüenza de ir así vestida a un casting, que solo con eso desprestigiaba el concurso, que así no se puede ir vestida, que por qué no ha ido a la peluquería, que qué desaliño, que si no tiene mejor ropa en su casa y toda una sarta de imbecilidades. La mujer, con pelo crespo, cierto, y vestida con unos vaqueros, camiseta blanca y suéter marrón, que a día de hoy se admite socialmente, se marcha indignada y en el pasillo rompe a llorar desconsolada, a moco tendido. La mujer ha sido humillada ante los tres millones de gilipollas, entre los que me incluyo, que veíamos la charlotada esa. La pobre mujer que fue allí consciente de que no es la Castafiore y con el “por probar no pasa nada” se encuentra con que un idiota se dedica a faltarla al respeto sobre su aspecto, ni siquiera sobre lo mal que cantaba. Lástima de que los chamaquitos de esta señora y su banda de latinquins no esperasen a que saliera ese señor para abanicarle un poco la cara. Un tío que lleva gafas de sol en lugares cerrados, que (aunque actúe metido en su personaje) se dedica a maltratar, humillar y vejar a la gente, es el nuevo héroe nacional televisivo, el quiero ser como él, y el nuevo faro de la cultura musical. Y todo esto a punto de cumplirse los doscientos años de los sucesos del 2 de mayo.