2.20.2008

El precio del encanto

Cuba tiene encanto, eso es innegable. Un encanto visto a ojos de un turista que vive una democracia, de mayor o menor acierto, un turista que hace dos o tres comidas al día, que viste dígnamente, o que símplemente puede salir de su país cuando se le venga en gana.
Cuando visité la isla, aprecié ese encanto nada más aterrizar. Lo que más me impresionó fue el contacto con la gente, en su mayoría pobre de solemnidad, pero más preocupada por mostrar una sonrisa en la cara que por lamentarse día tras día. Intuyo que habrá más felices por metro cuadrado que en cualquier otro país. Un día conversando con Lázaro, un camarero que me enseñó a preparar el mojito cubano como Dios manda, me contaba lo que él ganaba y cómo era la vida en Cuba, decía que sólo vivían bien los músicos y los deportistas y que los demás pasaban la vida sin más pena que gloria.
Cuba es un país de contrastes. Tras la caida de la URSS, el dictador Fidel Castro se agarró como un clavo ardiendo a los promotores hoteleros aún sabiendo que el producto era uno de los máximos exponentes del capitalismo. La zona hotelera con Varedero a la cabeza, nada tiene que ver con La Habana. Nadie debería morir sin haber visitado el malecón y las calles de La Habana.
Tomar un mojito en un catamarán que navega por aguas limpias mientras sostienes un cigarro habano, no tiene nada que envidiar a ser convidado a un arroz tostón en la casa de un guajiro. Ese es el verdadero encanto de Cuba. Las puertas de las casas siempre están abiertas y eres invitado a pasar, y lo que para el turista supone un dólar a ellos les puede remendar un descosido. Aún guardo la cartilla de racionamiento que me regaló una muchacha en la Catedral de La Habana como recuerdo tras darle los jabones del hotel y un par de bolígrafos.
Desde que a bordo del Granma Fidel Castro tomara las riendas de Cuba, expulsando a Batista, no ha abandonado el poder, hasta que ayer mismo habló. Hace años, prometió a García Márquez morir con los deberes hechos, deberes consistentes en dejar su herencia en forma de sucesión.
El futuro de Cuba está marcado por la caida del régimen castrista, caida que arrastrará el encanto de la isla. ¿Qué precio tiene el encanto cubano? ¿ese encanto pasa por la pobreza, por la libertad de expresión, por una sanidad verdaderamente de calidad en contra de la opinión generalizada, por unos sueldos dignos, por los la libertad de pensamiento y de tránsito? o bien es preferible continuar con la Cuba-Museo. Es obvio que nadie quiere ver un McDonalds en la Plaza de la Revolución, y que es más bonito ver cadillacs del 50, en vez de un Opel Astra, pero todo tiene un precio.
Guardo con mucho cariño los recuerdos de mi visita a La Habana. Este fin de semana a más tardar, prepararé un par de mojitos para brindar por una Cuba verdaderamente libre y con futuro.
Veremos si la historia le absuelve.

2.08.2008

La decadencia de la decadencia

Tim Hetherington acaba de ser galardonado con el premio World Press Photo 2007 por la foto que aparece. Mi incultura no me permite saber si el mencionado premio es importante, notorio y prestigioso o se trata de una gilipollez que le dan a un pintamonas cada año por conmover al mundo con alguna puesta de sol en la estepa africana, o por pillar in fraganti a mi querido Luis Aragonés ahuecando el culo para echarse un pedo. Pues nuestro amigo por la foto se ha metido en la buchaca 10.000 bobis o lo que es lo mismo casi dos millones de las antiguas leandras.
Si se mira la foto se ve a un soldado con la mano en la cara y un casco en la mano. Allá cada uno con su forma de interpretarla, pero si queréis un patrón, ya lo ha dicho el jurado que seguramente esté compuesto por los más insignes faros de la cultura occidental (y oriental para no ser xenófobos ahora tan de moda). La imagen está tomada en Afganistán dentro de un búnker estadounidense, y en palabras del jurado la imagen describe "la extenuación de un hombre, la extenuación de una nación".
Habrá quien piense que la foto tiene truco y que realmente lo que el soldado hace es lamentarse por la tremenda borrachera que cogió el día anterior, por haber echado al puchero azúcar en vez de sal, o porque un tomahawk o como carajo se escriba, no le ha voldado la cabeza por pura chiripa.
¿Pero lo de extenuación de una nación?. Una nación que se dedica a tapar a sus mujeres, a no permitirles trabajar en espacios comunes, a mantener la pena de muerte o a hacer actos de terrorismo desde que entraron los Talibán. Un país que se dedica a ablar en vez de hablar, donde en las huertas hay misiles en vez de pepinos para insertar cual supositorio a la población civil, un país (cómo tantos otros, como China organizadora de los JJ.OO) donde los Derechos Humanos sirven como útil de aseo personal para el ecuador de las posaderas, y sobre todo, un país donde no se cata el jamón, necesita en numerosas ocasiones la extenuación de los soldados foráneos.
No me estoy erigiendo como defensor de los United Snakes of America, lo que quiero es comentar que una noticia como esta ocupando gran parte de un diario nacional ayuda apoya mi tesis de que últimamente solo hay noticias gilipollas. Los telediarios parecen "El Caso" o escaparates de politicuchos que se venden como furcias, nada más que penas, miserias, lamentos y morbo, mucho morbo, encima a la hora de comer. El hecho de no existir un periodismo de calidad deriva en la verdadera decadencia, y no en tontunas de soldados. Y ante noticias gilipollas, comentarios gilipollas.

2.04.2008

El tomate, frito o en ensalada

Esto es como la tarara. Unos dirán que sí, otros dirán que no. Yo me alegro. Hablo de la desparición de la parrilla televisiva del programa "Aquí hay Tomate". Parrilla donde deberían poner a su presentador, el monflorita J.J. Vázquez. Quizá los padres de este señor deberían habérselo pensado cuando decidieron engendrarlo y en su lugar haber acogido a un perro.
No entiendo como se puede concentrar en estas personas tanta bajeza, vileza, mezquindad y tanto asco. Lo de su condición sexual, me la trae al fresco. Creo que los homosexuales masculinos nos hacen un gran favor a los heterosexuales dejando el campo más abierto y ancha es Castilla. Así tocamos a más. Aunque por tocar, a éste tipo no lo tocaría ni con un palo.
La poca delicadeza que han tenido con gente, que merecidamente o no, han tenido malos momentos o problemas, como la familia de Rocio Jurado o la de Isabel esPantoja. La facilidad para remover los restos de muertos como Encarna Sánchez o Francisco Rivera. El morbo porque sí, el ganar espectadores cue$te lo que cue$te. La caspa televisiva me alborota la barriga, sobre todo a la hora de comer.
A Carmen Alcaide, que entra en el bote de su compañero aunque esté buena, no le perdono las gilipolleces dichas con esa sonrisa de boca limpiasables. Es muy fácil hacer leña del árbol caido y ganar dinero a costa de las mentiras y los problemas de la gente.
Huelga decir el respeto que me merecen personajillos como Aramís Fuster que se intenta suicidar en directo o el novio de una concursante de "La Casa de tu vida". He de reconocer que alguna vez lo he visto, sobre todo al principio, cuando era algo gracioso y el formato enganchaba, pero también he de decir que últimamente sólo me provocaban alegría los escarnios que sufrían en el el programa de la inalcanzable Patricia Conde, o cuando les estampaban las cámaras al suelo. Y luego a llorar.
Me alegro de que se acabe esta mierda televisiva y me gustaría que su presentador no apareciese más en los círculos de la tele y que se dedique a otra cosa donde no moleste.
Por cierto os aconsejo que vayáis al Cine a ver la película "El amor en tiempos de Cólera", y sobre todo a leer el libro, yo estoy en ello.
Otro día más y mejor.