En un huequito que tengo, he decidido volver a este minimundo, y retomar una de mis aficiones, que no es otra que escribir. El tema sobre el que hablar, se me suele ocurrir entre tributos e impuestos, ya que no me llaman mucho la atención y se me desvía la misma. También se me ocurren por las noches, cuando salgo me creo el mismísimo Allan Poe. Otras veces en un alarde de ingeniería mental, se me ocurren tamas insólitos cuando estoy comiendo, como el lunes pasado, que cené en un restaurante chino, y pense en hablaros de la gastronomía oriental. De otros lugares más escatológicos no hablo, pero también se me ocurren buenos temas.
Otras veces pienso en hacer homenajes a personas que bien lo merecen, pero rápidamente pienso en las molestias que se podrían tomar los no homenajeados. Hoy va a ser la excepción. Me gustaría brevemente desde aquí, mandar todo mi apoyo, mi cercanía y mi ánimo a una persona muy peculiar.
Nos conocimos en el transcurso de unas fiestas de San Roque, hablamos de todo y de nada, y poco a poco seguimos manteniendo el contacto con sus visitas, siempre agradables, y las nuestras a su tierra, donde siempre nos trató como mimados huéspedes, haciendo todo lo posible para amenizar nuestra estancia. Nunca le he visto un mal gesto, y nunca le he visto con la sonrisa oculta hasta el día de Viernes Santo. Le ví, nos saludamos y le noté jodido. Me contó que un cristal rajó la piel del tambor, y que su afición más querida peligraba. Una grieta en su mano era la seña más evidente, pero la verdadera grieta no está en su mano, sino dentro. Ya verás como pronto podrás redoblar, cencerrear, chastonear y estrechar la mano con la fuerza de un chicarrón del norte.

Un abrazo Txule.
P.D. Hay otra persona que también tiene un hueco en este homenaje, pero para no ser morbosos, ni dar lugar a etiquetas, él sabe que sus amigos le apoyan.